Sin voz…

Sin voz…

Ayer, mientras realizaba la romería, me noté un ligero picor de garganta pero no le di mucha importancia. Conforme pasaban las horas y el día avanzaba, mi voz se iba «agotando» a la par de las energías, así cuando llegué a casa, aparte del cansancio de todo el día, mi voz se había quedado bastante más flojita de lo habitual, y esta mañana cuando levanté, casi no había rastro de ella.

Pocas veces me he quedado sin voz, cuando me resfrío se nota que la voz se apaga un poco, cambia, pero afonía muy pocas veces he tenido y como en esta ocasión diría que es la primera vez.

Así que cuando esta mañana intenté hablar y me quedé en eso, en el intento, me sentí un poco agobiada de ver que había mucho que decir pero costaba hacerlo y cuando me fuerzo el picor de la garganta me provoca toser.

Peor ha sido cuando he tenido que llamar a mi padre por teléfono para avisarle que no podría subir a comer con ellos, al hombre le ha costado un mundo entenderme y yo aún me he sentido más agobiada.

A partir de ahí me he puesto a pensar lo complicado que es en ocasiones hacerse entender, en esta ocasión por no tener voz,pero en otras ocasiones por más que tengamos esa voz para explicarnos, no siempre lo logramos hacer o no siempre la otra persona logra entendernos por muy bien que lo expliquemos.

Otras veces somos nosotros mismos los que preferimos no «tener voz» y no entrar en debates absurdos que no nos van a llevar a ningún sitio porque sabemos de antemano la posición inamovible de la otra persona.

También puede pasar que quienes tenemos enfrente se pongan a hablar y hablar y no te den opción para que tú puedas dar tu opinión, y si lo haces quizás tu voz no se escuche a malas penas entre las otras.

Y no podemos olvidar esos casos en los que no hay voz porque alguien te deja sin palabras o no encontramos las adecuadas para expresar algo.

La voz es muy importante y debo reconocer que me alegra un mensaje pero lo hace mucho más una llamada o un audio, que hoy sentí que me faltaba algo para poder expresarme y sin embargo sé que a veces puedo hacerlo mejor a través de las letras que hablando.

Hay más formas de comunicarse y ya lo he dicho en muchas ocasiones, una mirada, una sonrisa, un abrazo… dicen mucho más que mil palabras pronunciadas.

B.D.E.B.

Leiva – Hasta que me quede sin voz
Romería

Romería

Hay cosas que repetimos a través de los años y, aunque parezca que siempre es lo mismo, cada año nos trae algo nuevo, algo que recordar más adelante, porque no hay dos días iguales, ni siquiera dos momentos iguales, siempre hay algo, por pequeño que sea, que hace que sea diferente a lo vivido.

Hoy de nuevo blusón, gorro, zapatillas cómodas y mochila a la espalda, todo listo para hacer la romería. A primera hora ya estábamos listos en el punto de partida, caña en mano y muchas ganas de hacer una vez más ese camino y de pasarlo bien en la mejor compañía.

La romería (ya lo he comentado en alguna ocasión) la hacemos creyentes y no creyentes, algunos con alguna petición en modo de promesa, otros por tradición y otros con el único fin de compartir el día y pasarlo bien.

Y, como decía antes, hoy ha sido diferente. Salir más tarde esperando a los más rezagados, que cada año parece que la gente «aumente» y que por primera vez la realizo junto a dos personas que se han vuelto bastante importantes para mí, un apoyo fundamental en esos momentos pasados y sé que en lo que esté por llegar.

Además ha sido un día de esos en los que ves que todo está tranquilo, que parece que se hayan limado asperezas y que no ha habido ni una mala cara, solo sonrisas, risas y momentos de compartir.

Pensaréis que es lo normal, pero en ocasiones, cuando los grupos son bastante grandes, esto es todo un logro.

Un buen día, una romería mejor aún y un cansancio al final del día que nos demuestra que los años no pasan en balde, pero mientras se pueda y la salud lo permita, repetiré año tras año ese camino que me inculcaron desde niña y que es una tradición bonita de seguir.

B.D.E.B.

Viva Suecia y Zahara – Días amables
Lo que hay detrás…

Lo que hay detrás…

Un café y mucho más, detrás de ese café hay confesiones, risas, conversaciones largas, complicidad…

No importa el lugar, puede ser más sofisticado o en mitad del campo,acogedor o en primera línea de playa, importa con quien estés, con quien lo compartas. Mirar a esa persona a los ojos, saber que sujeta tu mano, saber que no te soltará.

A veces nos quedamos con ese primer gesto pero detrás es mucho más, no es el líquido ni la taza, es el resto, es a lo que lleva después de ese primer sorbo, a veces incluso esa mirada sobre la parte superior de la taza, porque te escuchan con atención y no desvían sus ojos de los tuyos.

Siempre hay algo detrás  siempre hay algo en el interior y en muchas ocasiones merece la pena asomarse y descubrirlo.

B.D.E.B.

Pablo Ochoa Cordero – Gratitud
Alguien…

Alguien…

Al cruzar de nuevo el arco del torreón, en uno de los árboles que bordeaban el camino, un pájaro negro (estornino o mirlo, no sabría decir) posaba en una rama.

Alguien (que podías ser tú) con mucho cuidado, silencioso, enfocaba su cámara hacia él, disparaba sigilosamente y yo diría que el pájaro hasta posaba.

Mientras nosotros permanecimos un poco alejados, ese «alguien» capturó varias imágenes y después prosiguió su marcha cámara en mano, imagino que buscando una nueva oportunidad, algo interesante que se volviera a cruzar en su camino y se prestara a ser inmortalizado.

Nosotros nos acercamos con cuidado, pero antes de llegar, el pájaro voló hacia el muro de enfrente, me dispuse a fotografiarlo pero de nuevo echó a volar, se cansó de ser retratado o quizás no fui lo bastante sigilosa como ese alguien (que podrías haber sido tú).

No me quedé con pena de no haberlo fotografiado, me quedé con ganas de haber visto las imágenes que alguien capturó de él.

B.D.E.B.

Pedro Guerra – La delicadeza
Cambios necesarios…

Cambios necesarios…

A veces me sorprende como vamos cambiando y como aquello que antes nos importaba tanto cada día importa menos porque nos hemos dado cuenta de que ya no es importante.

Vamos perdiendo por el camino ese sentimiento de culpabilidad que un día pesaba más que nosotros, esas opiniones o ese «qué dirán» que aumentaba ese sentimiento mencionado y que ahora mismo no importa, incluso me siento molesta conmigo misma porque en algún momento haya importado.

Sé que el mérito no ha sido mío solo, que he necesitado ayuda y la sigo necesitando, pero hoy cuando alguien me preguntó ese «¿cómo estás?», pude decir bien, sin culpa, sin sentirme justo al contrario, sin mentiras, sin mentirme…

Voy con pies de plomo, sigo teniendo un poco de «miedo» por aquello que llegará, pero no permito que eso me impida ser un poquito feliz, disfrutar mientras se pueda e ignorar y no dejar que aquello(s) que llega para hacer daño, se salga con la suya.

Hoy noté ese cambio, hoy salí un poquito más feliz y con esperanza que si he conseguido liberarme de parte de ese peso que cargaba, quizás en algún momento lo consiga del todo.

Hay cambios que son muy necesarios para poder seguir adelante, en ese camino de búsqueda de la tranquilidad.

B.D.E.B.

Enrique Bunbury y Carla Morrison  – Porque las cosas cambian

*Cuando hablo de cambios no puedo evitar que venga esta canción a mi mente.